Me despierto en el medio
de un dolor sin orillas
bajo esta luna mordida
y no me alcanza el aullido
ni el sol de mi sangre violenta
plateado líquido sueño se escurre
sombra arriba, sombra abajo.
Me abro paso entre luces
de fulgor asesino
mutilo el aire del canto
con versos de sueño roto
vaivén de la garra sedienta
rasguido y lágrima turbia se funden
calle arriba, calle abajo.
¡Ay luna! qué gran dolor
nos va sombreando el costado
con carbón de noche abierta
y el perfil duro del aire.
No me alcanza la pelambre
a cubrir la desmesura
ni esta piedra de mi voz hacia el vacío.
Me sumerjo en el cauce
de un rumor de penumbra
arco de luz achicada
y no me alcanza la brasa
volcán que se calla en el cielo
oscura música, sombra que sube
sueño arriba, sueño abajo.
Me adormezco en la orilla
de este medio desierto
mirando el filo del borde
mis ojos de sueño herido
puñal que desgarra la noche
cortina trágica, canto que muere
cuerda arriba, cuerda abajo.