Parecen espejismos de la madrugada fantasmas que la luna modela como arcilla para olvidarlos en la mañana.
Parece que no existen de tanto escucharlos
gorriones simulados con sombras de vereda
que nos ignoran desde su vuelo.
Pero la niebla en realidad es tantas manos
creyendo bien pagar sus melodías
con tímidos delirios de aplausos y monedas.
Parecen surtidores de una plaza extraña
donde a veces se bañan los pájaros que el Astor
perdió en los soplos de un fuelle loco.
Parecen espejismos de gorriones quietos
fantasmas arcillosos que gimen con el viento
de un remolino entre dos esquinas.
Pero la niebla en realidad es tantas manos
creyendo bien pagar sus melodías
con tímidos delirios de aplausos y monedas.
Mientras se cae su realidad de economía, confort y multimedia
artista de veredas, el espejismo te rodea. Dedicado a los cantantes callejeros del mundo.
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